Como iglesia, reconocemos que más allá de los cultos, las actividades y las estrategias, lo más importante es nuestra adoración al Señor. Hoy ponemos todo lo que hacemos en Sus manos, sabiendo que si Él no está en el centro, nada tiene sentido.
Entramos a este año 2026 con un corazón humilde, reconociendo que necesitamos una adoración verdadera, que nazca del corazón y sea guiada por el Espíritu Santo. Una adoración que transforme vidas, que nos una como cuerpo y que nos lleve a crecer juntos.
Oramos para que cada actividad, cada culto y cada esfuerzo sea dirigido por Dios, y que como iglesia aprendamos a ayudarnos los unos a los otros, a caminar en amor, unidad y propósito.
Como pastores, nuestro mayor anhelo es que Dios se glorifique en todo lo que hagamos. Que cada paso, cada decisión y cada servicio reflejen Su presencia. Caminemos juntos, con corazones rendidos, buscando siempre agradar al Señor, viviendo una Adoración Real, en espíritu y en verdad, para la gloria de Dios.
Rvda. Deborah Sosa Colón